El ocho de marzo se ha convertido en una jornada de reflexión sobre el largo camino que las mujeres han tenido que recorrer para ver reconocidos sus derechos. En España, el primer 8 de marzo se celebró en 1977, una fiesta que el movimiento de mujeres aprovechó para plantear sus problemas en el terreno laboral. Un año más tarde, en 1978, la Constitución Española reconoció la igualdad ante la ley entre hombres y mujeres, como uno de los principios del ordenamiento jurídico. Las políticas llamadas de género no sólo se dirigen hacia las mujeres, sino también hacia los hombres, tratando de cambiar los patrones que la cultura les ha asignado a ambos.

Parten de la base de que el género compromete a todas las personas, hombres y mujeres, y parten de la reflexión desde la experiencia. El género como categoría relacional permite tratar a todas las personas como iguales, en el sentido de tener el mismo valor, independientemente del sexo. Se debate entre que no somos iguales porque fisiológicamente somos diferentes, por eso vamos aclarar a qué nos referimos cuando hablamos de igualdad de género:

El sexo es el conjunto de diferencias físicas, biológicas y anatómicas que dividen a los individuos de una especie en machos y hembras. Por ejemplo, las características biológicas determinan que sólo las mujeres pueden parir y amamantar a sus hijos y/o hijas.

El género es una construcción social y cultural que define las diferentes características emocionales, afectivas, intelectuales y comportamientos a mujeres y hombres. Por ejemplo, tradicionalmente se ha atribuido a las mujeres la función de cuidar de los hijos y/o hijas, pero no hay ninguna razón biológica que explique por qué tienen que ser las mujeres las que lleven a cabo estas tareas de cuidado.

¿Qué podemos hacer?

Todos podemos aportar para ayudar a erradicar la desigualdad de género en el día a día, las mujeres y hombres que se deshagan de tantos prejuicios sociales y concienciar al resto sobre ese tema. La educación, tanto en el seno de la familia como desde las escuelas, es esencial para terminar con la desigualdad de género. Los hombres y niños también pueden ayudar y, la mejor manera de hacerlo, es tener relaciones respetuosas, saludables y de igualdad con las mujeres. También, la implicación en las campañas contra la violencia de género es de gran importancia. Mientras más unidos, más rápido será el camino hacia la igualdad. Hay que pensar que “La lucha es de todos, hombres y mujeres”.

En la actualidad, la mayoría de las democracias adolecen de una escasa presencia de mujeres en los poderes y órganos del Estado, por lo que, dicha equiparación es considerada por determinados colectivos de mujeres un principio fundamental para la consecución de la igualdad entre mujeres y hombres. Para finalizar, hacemos un resumen de actuaciones para aportar así nuestro granito de arena a la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres:

Empieza por ti mismo

Si eres chico, actúa diferente y hazlo saber a los demás chicos: no seas parte de comportamientos que denigren, se burlen o hagan sentir mal a las mujeres. El cambio empieza por uno mismo.

Dejemos de juzgar

Dejemos de juzgar a las mujeres: por su físico, por su forma de vestir, por sus historias afectivas y sexuales.

Solidarízate

Si eres chica, solidarízate con otras chicas, ayudémonos entre nosotras.

Haz visible la discriminación

El cambio se produce si hacemos visible la discriminación: algo que sea habitual, frecuente, no significa que sea bueno, deseable o normal, ni que no podamos aspirar a una sociedad diferente y mejor para todos/as.


El problema de la mujer siempre ha sido un problema de hombres"

Simone De Beauvoir, novelista y filósofa existencialista francesa


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