“No sabía con certeza lo que Internet conocía de mí, que imagen estaba dando, qué datos personales, gustos o aficiones mías había publicadas en la red. Desconocía como me estaba presentando Internet ante los demás y que opinión se tenía de mí en la red”.

Esta frase la podríamos decir muchos de nosotros después de que alguien nos enseñe nuestra verdadera Identidad Digital. No somos conscientes del impacto que todo esto puede tener en nuestra vida y en muchas ocasiones no nos paramos a pensar la repercusión que puede llegar a alcanzar la información que publicamos en Internet.

 

Nuestra Identidad Digital puede construirse sin que se corresponda exactamente con la realidad. Sin embargo lo que se hace bajo esa identidad digital tiene sus consecuencias en el mundo real y viceversa. Es indispensable que aprendamos a vivir y convivir en Internet, poniendo límites especialmente en torno a nuestra privacidad y respetando el trabajo de los demás.

Por otra parte, no podemos demonizar ni generar alarmismos, sino educar en un uso responsable de nuestra Identidad Digital. Debemos pensar antes de escribir y publicar cualquier información, ser celosos de determinados datos que pertenecen a nuestra propia intimidad y tomar las medidas de seguridad oportunas cuando usamos las nuevas tecnologías. El peligro no está en las redes sociales, sino en el uso que hacemos de ellas cada uno de nosotros, lo que decimos y como lo decimos.

“En el pasado tú eras lo que tenías, ahora eres lo que compartes”. Godfried Boogaard, Experto en redes sociales.

“No digas nada en línea que no querrías que fuera expuesto en un anuncio panorámico con tu cara puesta en él”. Erin Bury, Community Manager.