Desde 1950, cada 23 de marzo se celebra el Día Mundial de la Meteorología para conmemorar la creación en dicho año de la OMM u Organización Meteorológica Mundial, poniendo de relieve la gran contribución de los Servicios Meteorológicos e Hidrológicos Nacionales a la seguridad y al bienestar de la sociedad (en España la AEMET, Agencia Estatal de Meteorología), y celebrándose mediante diversas actividades en todo el mundo con temáticas relacionadas con el tiempo, el clima o el agua.

Antes de continuar es preciso definir qué es la meteorología: es la ciencia atmosférica interdisciplinaria que estudia el estado del tiempo, el medio y los fenómenos atmosféricos y las leyes que los rigen con apoyo de disciplinas auxiliares como la física y la química de la atmósfera.

Por otra parte, ¿de dónde procede la palabra “Meteorología”?. Etimológicamente procede del griego y significa “ciencia que estudia los meteoros”, entendiendo por éstos los fenómenos físicos naturales que tienen lugar en la atmósfera que consisten en la suspensión, depósito o precipitación de partículas. Así, existen partículas acuosas como la niebla, la helada o la escarcha; partículas líquidas como la lluvia y sólidas como el granizo o la nieve; partículas que son llevadas por el viento mediante tornados, ventiscas, huracanes, calimas, o tempestades; otras de tipo óptico como el arco iris, o incluso eléctricas como los relámpagos y los rayos.

Dicho esto, me gustaría hacer un breve recorrido histórico sobre esta ciencia tan maravillosa que es la meteorología.

Históricamente el ser humano siempre ha tenido interés por el tiempo atmosférico y ha tratado de comprenderlo y predecirlo desde la más remota antigüedad. El primero en intentar explicar estos fenómenos naturales fue Tales de Mileto (siglo VII a.C.) pero fue Aristóteles (siglo IV a.C.) el que crea el término “Meteorología” a partir de las palabras griegas “Meteoro” (alto en el cielo) y “Lógica” (conocimiento). Sus tratados meteorológicos, que estaban asociados a la astronomía, fueron usados durante siglos por todas las civilizaciones posteriores, pasando por científicos árabes en la edad media e intelectuales europeos durante la Ilustración (pronosticar el tiempo basándose en relaciones astrológicas se convirtió en algo muy popular durante los siglos XVIII y XIX). Entretanto, a lo largo del siglo XVII, se inventaron los primeros instrumentos para medir las variables meteorológicas: el termómetro, para cuantificar la temperatura (inventado por Galileo); el anemómetro, para medir la velocidad del viento (Hooke); o el barómetro, para medir la presión atmosférica (Torricelli). Fue también en ese siglo cuando se crearon los primeros observatorios para recoger datos y poder compararlos entre diversos lugares y momentos.

Ya en el siglo XIX se comenzó a representar en mapas los campos de presión, la temperatura y a crear símbolos para el viento, la lluvia o la nieve. A finales de dicha centuria, debido a la necesidad de coordinar las observaciones tomadas en distintas zonas del planeta, se organizó en Viena el primer congreso meteorológico de la historia donde se creó la Organización Meteorológica Internacional, primer organismo de coordinación meteorológica mundial.

Hasta entonces toda la observación realizada se restringía a la superficie de la Tierra, pero a principios del siglo XX se comenzó a observar la atmósfera superior gracias a los llamados globos sonda que, con el avance de la tecnología, pudieron medir la velocidad y dirección del viento en altura.

A mediados del siglo XX, los gobiernos comprendieron la importancia de la meteorología y se creó un nuevo organismo intergubernamental: la OMM u Organización Meteorológica Mundial de la que he comenzado hablando, teniendo desde entonces un papel fundamental en las actividades climáticas y meteorológicas en todo el mundo.

Pero quizás el hecho más trascendental que cambiaría todo nuestro conocimiento atmosférico fue el lanzamiento del primer satélite artificial en 1957 lo que posibilitó obtener imágenes del planeta desde fuera del mismo. Desde entonces se han desarrollado ordenadores cada vez más potentes lo que ha permitido superar con éxito el problema matemático, lo cual, junto con el avance de los modelos físico-matemáticos de la atmósfera, ha dado lugar a la alta fiabilidad en los pronósticos meteorológicos que tenemos hoy en día.

Actualmente, en el siglo XXI, se usan todas las técnicas meteorológicas para estudiar conjuntamente el sistema Tierra-océano-atmósfera gracias al cual conocemos en profundidad la evolución ambiental que ha tenido nuestro planeta y se pueden hacer predicciones sobre el futuro del mismo.

Lo cierto es que debemos agradecer a esta ciencia multitud de aspectos pues en nuestros días la meteorología se ha convertido en una herramienta indispensable que forma parte de nuestra vida diaria.

 

Dedicado a la memoria de mi querido padre, grandísimo matemático y meteorólogo, y aún mejor persona, que durante más de cuarenta años estuvo al servicio de la sociedad española. Sirva este pequeño artículo para homenajear a un gran hombre.